CIUDAD GLOBAL

Los cambios económicos experimentados en el marco de la globalización, conllevan a su vez una serie de reacomodos en los ámbitos social y cultural. En este sentido, con el término de “globalización” se designa una extensa panoplia de fenómenos. Aquí vamos a abordar dicho término desde la perspectiva de la “ciudad global” propuesta por Sassen Saskia.[1]



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Por lo tanto, nuestro interés se centrará en el escenario urbano, y en las consecuencias dentro del mismo, que trae consigo el desarrollo de un nuevo modelo económico. Sassen plantea que a raíz de las transformaciones experimentadas por el orden capitalista mundial desde finales de los setenta, la reestructuración del sistema ha implicado cambios sustanciales. Si el patrón de acumulación de capital en el fordismo se expresaba a través de la masificación de la producción; los altos índices de acumulación generados bajo esta lógica y su eventual crisis, desencadenaron la formación de nuevos mercados. Paralelamente, el desarrollo tecnológico, particularmente en el campo de la informática, ha contribuido sustancialmente en la emergencia de un nuevo patrón de acumulación. Todo lo anterior ha llevado a la “transnacionalización” de las empresas a partir de la formación de complejas redes de producción y distribución globales; a la expansión de los mercados financieros y a su integración mundial; [1]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y a la formación de nuevos centros de la economía mundial. Los tres puntos mencionados contribuyen de manera integral en la reconfiguración del espacio desde distintos niveles. Desde el emplazamiento de las unidades industriales, tenemos que la transnacionalización ha impreso el sello de la desarticulación espacial. El patrón de industrialización experimentado en casi toda América Latina a través del modelo de sustitución de importaciones, derivó en procesos acumulativos de centralización urbana. La lógica de dicho funcionamiento tuvo como eje articulador los emplazamientos de las unidades o distritos industriales. De esta forma se cumplía a cabalidad con el patrón fordista de acumulación del capital. Los grandes conjuntos industriales al demandar infraestructura adecuada y mano de obra, fungían como principales polos de atracción. Lo anterior derivó en la conformación de economías de aglomeración donde las variables del círculo keynesiano, masificación de la producción y consumo progresivo, determinaron el desarrollo de centros urbanos altamente centralizados. ¿Qué pasa entonces con la transnacionalización del sector industrial en términos del espacio? Si con el taylorismo y el fordismo presenciamos una fragmentación temporal del proceso productivo, con la transnacionalización estamos ante una fragmentación espacial de dimensiones extraordinarias. El que una empresa sea capaz de movilizar y administrar unidades de producción situadas en países tan alejados como Tailandia y México, es sólo consecuencia del potencial tecnológico contenido en las redes de comunicación a distancia, de la propia transnacionalización de los mercados financieros y de la flexibilización del trabajo. De lo anterior se desprende que la localización del sector industrial está experimentando una descentralización, ya que las condiciones arriba expuestas posibilitan emplazamientos aislados que no dependan de una economía de aglomeración. Todo esto trae consigo la refuncionalización del espacio, la decadencia de antiguos centros industriales y la emergencia de nuevos polos de atracción. Sin embargo, la estancia del capital siempre será incierta y nunca estará garantizada; porque estamos ante un capital caprichoso, arbitrario y sumamente flexible que en cualquier momento puede abandonar un nicho físico para asentarse en otro más conveniente a sus intereses.

 

 

 

 

LA CIUDAD DE MÉXICO EN LA RED GLOBAL

Aunque el estudio de Sassen se centra en la caracterización de tres ciudades únicamente (Tokio, Nueva York y Londres), aquí trataremos de vincular algunos rasgos mencionados por la autora con la ciudad de México. Hablaremos de la distribución sectorial y de la estructura de ingresos como principales indicadores de las transformaciones experimentadas en la conformación de la economía de la ciudad. De las conclusiones derivadas de los anteriores rubros, se abordará el tema de la refuncionalización del espacio poniendo énfasis en el lugar que ocupa la periferia urbana en esta nueva lógica.

 

DISTRIBUCIÓN SECTORIAL Y ESTRUCTURA DE LOS INGRESOS

Según la tesis de Sassen a este respecto, la característica fundamental de la “ciudad global” tiene que ver con la concentración de servicios al productor altamente especializados (financieros, informáticos, jurídicos, de contaduría, mercadotecnia, consultorías, etc.). Esta concentración va acompañada del desplazamiento del sector industrial de la palestra económica. Es decir, el sector servicios ocupa el lugar hegemónico en la definición socioeconómica de la ciudad global. Las consecuencias sociales de esta reconfiguración en los sectores económicos, se expresan sobre todo a nivel de la estructura de los ingresos, denotando una marcada tendencia hacia la polarización social. Ya que la demanda de un sector de la población altamente calificado dentro de los servicios al productor, genera a su vez, un estilo de vida cuyos parámetros se miden con base en los altos ingresos que detenta este sector. De lo anterior se sigue que las demandas en materia de vivienda, transporte, educación, ocio, recreación, etc., que conforman el estilo de vida de este sector, generen un segundo y amplio nivel de prestación de servicios. Sin embargo, quienes cubren la demanda de estos servicios reciben ingresos muy por debajo del mínimo que reciben los primeros. Aquí convergen una multiplicidad de trabajos que tienen como denominador común las condiciones de pauperización dentro de las cuales se desarrollan. Tanto la flexibilización del trabajo como la informalización del mismo, forman parte de esta nueva configuración social tendiente a hacia la polarización:

 

Esta surgiendo una nueva clase, y las ciudades globales han emergido como uno de los principales escenarios de este desarrollo: ellas contienen tanto los sectores económicos más fuertes, como una aguda polarización de ingresos. La expresión concreta de esta nueva alienación de clase en la estructura de la vida diaria está bien capturada en la masiva expansión de un nueva estrato de altos ingresos –junto con la creciente pobreza urbana.” (Sassen,1991:337)

 

REFUNCIONALIZACIÓN DEL ESPACIO

La concentración de los servicios en detrimento del sector manufacturero, así como la polarización social implicada, conducen a una reconfiguración espacial. Se habla de la delimitación de un corredor corporativo que se desplaza por el Paseo de la Reforma hacia la zona de Santa Fe. La centralidad de este espacio dentro de la ciudad, se concibe en términos de la gestión y coordinación de múltiples actividades que son fundamentales no sólo para la ciudad, sino incluso para América Latina en tanto que región económica fuertemente influenciada por la Bolsa de Valores Mexicana. Los complejos corporativos que se asientan sobre este corredor, están rodeados de una suerte de servicios que posibilitan y agilizan su labor. Servicios financieros y especializados cuyo desempeño requiere una alta calificación. La preeminencia de esta población altamente calificada, conlleva una gentrificación [3]

 

Espacial ambigua y polarizada, que tiene como base de desarrollo la mercantilización del suelo. La formación de grandes intereses inmobiliarios es una respuesta a la demanda de determinados estilos de vida (donde está contenido el concepto de calidad de vida); a los flujos de capital en busca de mercados rentables en qué invertir; y a las políticas de liberalización de la propiedad ejidal y comunal a través de la reforma al artículo 27 constitucional. De esta forma, podemos hablar de una fragmentación socio-espacial donde la población de bajos ingresos contratada en condiciones precarias, se aloja en entornos altamente deteriorados y empobrecidos. Por otro lado, el desarrollo a parte de zonas exclusivas o residenciales, de antiguos recintos clasemedieros que aspiran a estilos de vida más altos, y de espacios que han sido paulatinamente expropiados por esta nueva clase debido a las condiciones favorables que presentan a sus intereses:

 

Al considerar las zonas ocupadas por diferentes clases sociales se identifica un alto grado de segregación que se nota en el comportamiento de las densidades. Los ricos viven en el suroeste y un poco menos en el noroeste de la ZMCM, mientras que los pobres habitan en el norte, noreste y sureste. (Cruz, 2001:114).

 

Esta segregación espacial puede ilustrarse con mayor claridad, a través del acelerado proceso de urbanización que está experimentando la periferia de la zona metropolitana de la ciudad de México. Tomemos como ejemplo el caso de la zona sur de la ciudad, último bastión de suelo disponible dentro del Distrito Federal. Particularmente nos centraremos en la región del Ajusco, conformada por dos subregiones: Ajusco Medio y Ajusco Alto. Esta región ha sido considerada como “suelo de conservación” debido a la relevancia que presenta en el ciclo hidrológico de la Cuenca de México, así como en la calidad del aire de la ciudad. [4] Desde mediados de la década de los setenta la subregión de Ajusco Medio fue colonizada y abatida por el avance de la mancha urbana a través de distintos mecanismos. Estas formas de apropiación del suelo pueden revelar situaciones sugerentes con respecto a la segregación espacial de la cual estamos hablando. Así vemos cómo la formación de colonias populares en esta zona (Bosques, Belvederes, Seminario, Héroes de Padierna, Torres, etc.), se llevó a cabo a través de invasiones a tierras ejidales. Esto no tiene nada nuevo, ya que un alto porcentaje de la ciudad se ha formado a través de este mecanismo. Sin embargo, lo que resulta paradigmático de este caso es ver la fuerte presión de diferentes actores sociales sobre suelo supuestamente de conservación. Esta presión ha redundado en el choque de intereses y en una creciente especulación de la tierra. De esta forma, la legitimidad de los asentamientos populares tuvo que pasar por el enfrentamiento, el hostigamiento, la represión y el pago por los derechos de propiedad una vez reconocidos por la autoridad; mientras que la formación de conjuntos residenciales en la misma zona (pero espacialmente segregados), se desarrollaba bajo el auspicio del gobierno y de compañías inmobiliarias. A manera de hipótesis podemos señalar que, más allá del interés público y la preocupación ecológica que el gobierno esgrimió para llevar a cabo los desalojos compulsivos y violentos en las invasiones de Ajusco Medio, se vislumbra la intención deliberada en promover la creación de una zona reservada a determinado sector social. Zona que el mismo gobierno comenzó a urbanizar años antes con la introducción de la carretera Picacho-Ajusco

y con la construcción de grandes edificios sede como el Colegio de México y la Universidad Pedagógica; y poco después la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales y Televisión Azteca entre otros. Sin embargo, esta promoción urbanizadora por parte del gobierno provocó una reacción de renuencia y oposición hacia los sectores populares, mientras se mostró anuente y con beneplácito hacia sectores de altos ingresos. Aunque finalmente el gobierno se vio rebasado por la fuerza movilizadora del sector popular ante la insoslayable demanda de vivienda, éste no dejó de jugar un papel protagónico como juez y parte dentro del proceso de urbanización de Ajusco Medio. Lo contrario se presenta para el caso de Ajusco Alto, nuevo bastión de reserva ecológica que padece el avance incontrolado de la mancha urbana. Digo incontrolado porque aparentemente el gobierno se ha auto-eliminado de la jugada. Con la reforma al artículo 27 constitucional de 1992, el Estado se deslinda prácticamente de toda responsabilidad en materia de planificación urbana; ya que elimina los candados jurídicos de la Reforma Agraria que impedían la mercantilización de la tierra. De esta forma, el mercado pasa a ser el principio regulador con respecto a la apropiación del suelo. Y como sabemos dicho principio descansa en la valorización del capital, de lo cual se sigue que la reserva ecológica de la ciudad de México descansa sobre endebles criterios de protección y conservación. Sin embargo, existe todavía una variable de suma importancia que influye enormemente en la definición de los mecanismos de apropiación del “suelo de conservación”:

 

…se identifica una fuerte tendencia hacia la dominación de los actores sociales específicos del proceso de urbanización sobre los ejidos (colonos, fraccionadotes, etc.). Sin embargo, las relaciones internas al ejido imponen características específicas a los procesos urbanos, como el control del proceso de doblamiento por parte del comisariado ejidal o la creación de zonas urbanas ejidales que enmascaran a las colonias populares. (Cruz, 2001:14).

 

Y esta variable se sitúa en la identidad de los ejidatarios y comuneros. De acuerdo a las reformas del 27 constitucional, éstos tienen la libre determinación de conservar la propiedad colectiva anteriormente inalienable, o de liberalizarla y venderla. Esta reformulación jurídica no es un asunto menor que venga simplemente a poner al día lo que en la práctica ya se venía dando, como esgrimen muchas personas, entre ellas, los propios reformadores. El marco jurídico puede no incidir de manera abrupta en pautas y códigos de conducta, como sería el caso de la misma organización corporativa del ejido:

 

…en las zonas periféricas de la urbe también se observa la persistencia de las relaciones agrarias al interior del ejido. Las oportunidades de empleo que ofrece la ciudad en gran medida se utilizan para mantener el ejido no sólo como un área cultivable sino como un núcleo corporativo. Así, las relaciones entre la ciudad y el campo coinciden para mantener un espacio presumiblemente agrario donde es difícil identificar las fronteras entre lo rural y lo urbano. (Cruz, 2001:14).

 

Sin embargo, sí confiere un marco de acción con sustento legal que prolija la emergencia de nuevos actores en el entendido de un escenario más favorable a sus intereses. Y la emergencia de esto nuevos actores sí incide en la transformación de instituciones informales, roles sociales e identidades. En este sentido, me parece que lo más sobresaliente de este nuevo proceso, es el papel que están jugando las identidades en tanto que formas de percibir un “nosotros” y los “otros” en medio de un contexto tan cambiante, ambivalente e incierto. Y creo que a este respecto no hay respuestas unívocas, ya que en todo momento hay que tomar en cuenta las condiciones particulares de cada caso a referir o estudiar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La siguiente sección está reservada a ver cómo estos procesos globales se manifiestan en la refuncionalización del espacio al interior de la ciudad de México. El propósito de lo anterior es señalar la existencia de ciertos rasgos que Sassen atribuye a la “ciudad global”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


[1] Sassen, 1991.

[2] “… la transnacionalización de la producción, el boom de los mercados financieros y su integración mundial se basa tanto en las innovaciones tecnológicas como en la desregulación política, pero su causa principal se encuentra, otra vez, en la crisis del fordismo.” Parnreiter, 1998:23.

[3] Término que se refiere al proceso de apropiación física y simbólica por parte de los sectores de altos ingresos en una ciudad global. También hay quienes utilizan el término de “yupización” con el mismo sentido.

[4] Con un alto índice pluvial, el Ajusco funge como importante zona de recarga de los mantos acuíferos que abastecen alrededor del 60% de la demanda en la ciudad a través de más de 5,000 pozos de extracción. Asimismo, el Ajusco representa uno de los pulmones y termómetros más importantes de la ciudad debido a su reserva forestal.